Un Viejo y un Fauno… (La Historia de Sebastián de las Porras)

Magó fumando una pipa

Un día común y corriente, un viejo mago y un fauno, reposaban tomando el té tras un agotador debate sobre una loca teoría de universos paralelos… Entonces, no teniendo nada interesante para hablar, surgió un tema, de esos que surgen cuando uno no tiene nada oportuno que decir.

–         El otro día… pensaba en mi muy querido amigo.-Comentaba el viejo mago-

–         Pobrecito, tan inteligente que era…

–         ¡Bah!… ¡seguro que un amargado Fauno como tu no querrá escuchar de el!

–         ¡Ya empezaste a hablar viejo y tú sabes que cuando haces eso, es por una razón! -Replicaba el Fauno mientras le pasaba el dedo a los restos de hojas de té que quedaban en el fondo de su taza-

–         No vayas a empezar a estas alturas. ¡Tú sabes que me molesta saber algo a medias!

Por naturaleza, los Faunos son criaturas curiosas y es mejor complacerlos que llevarles la contraria porque de la misma manera son muy inteligentes y bromistas… Nunca querrás caer en las pesadas bromas de un molesto fauno.

–         Bueno… El otro día –Prosiguió el mago- Pensaba sobre la locura… y entonces… pasó por mis pensamientos el recuerdo de mi viejo amigo, un jovencito que conocí en mi basto viaje a Occidente…

–         Era un muchacho esplendido, extraordinario, muy inteligente… Uno de mis mejores aprendices… Desafortunadamente, ninguno de los que e tenido a logrado graduarse, pero esa es otra historia…

–         Lo cierto fue –Prosiguió el mago- que en nuestro viaje a Grecia, visitamos una pequeña isla del mar Egeo. No recuerdo muy bien su nombre… Lo que si recuerdo, es que era una isla muy pequeña, llena de personas humildes y trabajadoras, de una extraordinaria belleza…

–         Mi aprendiz y yo quedamos impactados… ¡Para esos tiempos yo era un gran conquistador! Buscado por muchas mujeres…

–         -Si, si… ¡Y yo fui un gran emperador en China! -Exclamó el Fauno atragantándose con una nueva taza de te caliente-

Muy ofuscado, el viejo se peino la barba con las manos y con pesadez prosiguió…

–         Apenas logramos salir de la embarcación; Mi aprendiz y yo, nos dirigimos a buscar lo que teníamos que buscar en esa isla… Una tienda de un hombre, que era muy famoso en toda Grecia por vender los más raros tubérculos y hongos, pociones y tónicos…

–         Al entrar a la tienda de aquel buen hombre, nos recibió una muchacha, que al parecer era su hija…

–         Ahora que reflexiono, era una mujer muy hermosa, de cabellos dorados por el sol y una mirada clara y sutil. Su piel era acaramelada pero mas clara, es difícil de explicar… ¡Para mi! era una bella muchacha, sin embargo, e visto mas hermosas…

–         Pero ¡hay!, pobre de mi aprendiz… Se llamaba Sebastián de las Porras.

–         El pobre muchacho, cuando le puso la mirada encima a esa dulce muchacha, entro en un letargo, una especie de estado catatónico… Era como que si alguien le hubiese robado el alma… Esa cosa que tenemos, que nos hace ser nosotros…

–         ¿Cómo es eso viejo?, explícate mejor… ¿Qué paso con el muchacho? -Preguntó el fauno muy intrigado-

–         Yo siempre había razonado ese fenómeno que le ocurrió al pobre Sebastián. Pero nunca había tenido la oportunidad de presenciarlo y por eso no supe que hacer…

–         Al principio, tomé lo que debía tomar de la tienda y nos montamos en el barco, pero Sebastián continuaba con la mirada perdida, no reaccionaba al habla y tampoco parecía tener reflejos… Era como… Como… Era como un muerto viviente…

–         ¿Y entonces? -Rezongó el Fauno un poco desesperado-

–         Bueno… Lo sostuve de la mano por todo el camino, como un niño… Y al llegar a nuestros aposentos, lo acosté en su cuarto y lo deje en un sueño profundo…

–         Me senté en mi silla para pensar y trate de entender lo que había pasado, retrocediendo sobre mis pasos…

–         Analicé cada uno de los pasos que dimos desde que nos bajamos del barco. Después de razonar por tres largos días, ¡llegue a una penosa conclusión!

–         ¿Cual fue viejo?, ¡habla de una vez!, ¡siempre haces lo mismo! -Gritó el fauno completamente enfadado-

–         Bueno, bueno… Sebastián estaba loco…

–         ¿Como es eso? -Preguntó el fauno-

–         Veras… En muy raras ocasiones, ocurren mezclas en la naturaleza que son muy peligrosas. Por ejemplo. El de la belleza.

–         Hay bellezas de muchos tipos y afectan a las personas, diferentemente…

–         Yo siempre había sentido una gran curiosidad, como alquimista que soy, en determinar la mezcla perfecta de belleza que necesita percibir un ser humano para desquiciar su cordura.

–         Entonces, cuando aquello ocurrió… Lo de Sebastián… Pues, llegue a la conclusión de que aquella hermosa muchacha, hija del dueño de aquella tienda, había sido la mezcla perfecta de belleza para que Sebastian se desquiciara…

–         Yo en realidad, no se como funciona eso… Aun el día de hoy.

–         ¿Se tratara de una serie de átomos “Conspiradores” en las células de esa muchacha?

–         ¿O talvez es un proceso químico que actúa por medio del olfato de la victima?

–         No lo se… -Se contestó el viejo a si mismo –

–         Hice todo cuanto estaba en mí para ayudar a mi buen amigo Sebastián. Me arme de todos mis hechizos reparadores, de todo mi repertorio de pociones y brebajes pero no pude sacar a Sebastián de las Porras de aquel profundo estado…

–         ¿Y que paso con el pobre muchacho? -Preguntó el fauno un poco entristecido-

–         Como bien sabes, yo soy un mago muy viejo… El pobre muchacho murió hace mucho tiempo pero vivió con una pareja de ancianos amigos míos que lo cuidaron hasta el final… Después de lo que le había pasado, no duró mucho… Sus capacidades motoras fueron cesando una por una hasta que eventualmente… murió… -Confesó el viejo mago, con una tristeza infinita-

–         El día en que Sebastián murió. Dejé un árbol mágico sobre su tumba. Nunca muere, siempre está repleto de flores y pajarillos… (Hermosísimo) Me hice una gran promesa a mi mismo… ¡Que no descansaría, hasta librarme de los prejuicios de la vista!

–         Juzgar la belleza de los demás, solo por su apariencia podría alguna vez, desquiciarme de la misma manera que al pobre Sebastián…

–         Al final, después de mucha meditación y probarme intensamente, pude deshacerme de mis prejuicios sobre la estética de los demás y cumplí mi promesa. Por mi y por mi amigo Sebastián…

–         Viejo, tengo que confesar algo… Tenias un tiempo que no me contabas una anécdota tan triste… -Comentó el fauno muy apenado-

–         Por eso fue que te dije: ¡Seguro que un amargado fauno como tu, no querrá escuchar esa historia! –Replicó el viejo-

–         La próxima vez que tengas una historia así, guárdala para ti solo, viejo amigo…

Y así… quedó concluida la historia de Sebastián de las Porras…

(Un video de una de esas mujeres que te dejan loco…)

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3 respuestas a Un Viejo y un Fauno… (La Historia de Sebastián de las Porras)

  1. The Goddamn Devil dijo:

    uhm muy bueno…
    entre amor y bellezas inalcanzables uno se vuelve loco…
    saludos

  2. superiorsquad dijo:

    Coño viejo, una historia algo triste, me identifico con Sebastian, porque hay mujeres que simplemente te quitan el aliento, solo es cuestion de ver mas alla de lo fisico, para no quedar abrumado por las apariencias.

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